Paseo de Reding, 1, Málaga
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MUSEO
CENTRO DE ARTE
CONTEMPORÁNEO
DE MÁLAGA

La Coracha

© Sandra Val, VEGAP, Málaga, 2026. Detalle EÓN 3, 2025

Sandra Val. EÓN 5. Arquitectura para un planeta incierto

Información general

Fechas: 10 de noviembre de 2026 – 14 de febrero de 2027
Lugar: MUCAC La Coracha. Edificio 1. Espacio 0. Málaga Sostenible
Comisaria: Helena Juncosa

Un jardín nunca es únicamente un fragmento de naturaleza. Es también una construcción cultural: una forma de ordenar el territorio, distribuir sus elementos y proyectar sobre él una determinada representación del mundo.

A lo largo de la historia, los jardines han sido escenarios de contemplación, conocimiento, poder y trascendencia, pero también lugares de experimentación. En ellos, naturaleza y cultura no aparecen como realidades separadas, sino como elementos de una negociación permanente. Cultivar, conservar, ordenar, transformar y cuidar son acciones que revelan una determinada manera de comprender nuestra relación con el entorno. Desde esta perspectiva, el jardín puede entenderse también como un laboratorio para pensar algunas de las preguntas fundamentales del presente. ¿Qué significa habitar un territorio? ¿Qué decidimos preservar? ¿Qué modelos de vida y de organización espacial somos capaces de imaginar ante un mundo sometido a profundas transformaciones?

Sobre estas cuestiones conviene señalar que la obra de la escultora no propone un regreso nostálgico a una naturaleza idealizada, más bien construye un escenario deliberadamente artificial donde diferentes temporalidades, materiales y lenguajes conviven. Los elementos arquitectónicos, las superficies cerámicas y las formas escultóricas sitúan al visitante dentro de una cosmología construida.

En EÓN 5. Arquitectura para un planeta incierto, Sandra Val parte de esta condición artificial y simbólica para construir un paisaje situado entre la memoria y la especulación, entre la arqueología y la utopía.

La instalación se despliega por el espacio como una arquitectura de tránsito. Superficies cerámicas, plataformas, bifurcaciones y cuerpos escultóricos verticales componen una cartografía cuya función no puede determinarse por completo. El conjunto podría proceder tanto de una civilización remota como de un futuro todavía por imaginar; podría estar siendo construido, haber quedado abandonado o acabar de ser descubierto. Concebida inicialmente como un jardín artificial, EÓN 3 se expande en esta ocasión mediante nuevos paños de azulejería que conectan diferentes estructuras y prolongan su recorrido visual. Estas extensiones no funcionan como elementos ornamentales ni como caminos convencionales, sino como fragmentos de una infraestructura mayor: pasarelas, plataformas, nodos y zonas de tránsito pertenecientes a una red que parece continuar más allá de lo visible.

Las distintas instalaciones dejan así de presentarse como entidades aisladas para integrarse en un único sistema espacial. La pieza principal articula el territorio mediante un gran eje horizontal, mientras que las estructuras verticales aparecen como posibles señales, dispositivos de observación, módulos de transmisión o formas de vida mineral. La obra no ofrece una narración cerrada que permita descifrar sus usos. Sitúa al visitante ante una organización desconocida y lo invita a reconstruir mentalmente las relaciones entre sus partes. El conjunto recuerda a una estación ubicada en otro planeta, aunque evita la representación literal de la ciencia ficción. No imagina una tecnología reconocible, sino una forma diferente de organizar la materia, el paisaje y la habitabilidad. La naturaleza ya no se presenta como algo exterior o espontáneo, sino como una realidad cultivada, administrada y transformada mediante otros protocolos. La referencia a la exploración espacial no plantea, por tanto, la conquista de un territorio virgen. Abre una pregunta acerca de qué modelos de convivencia, cuidado y organización seríamos capaces de imaginar si nuestra relación con el entorno tuviera que comenzar de nuevo

EÓN 5. Arquitectura para un planeta incierto aparece como un lugar intermedio: jardín, laboratorio, estación, templo y ruina. Frente a los espacios homogéneos, acelerados y estrictamente funcionales de la experiencia contemporánea, propone detenerse, observar, recorrer y establecer conexiones. El jardín ya no representa un paraíso perdido, sino una estructura desde la que ensayar futuros posibles.